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domingo, 22 de febrero de 2015

Los PROYECTOS

Pep HernandezLa apuesta por las didácticas que se sustentan en el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP o PBL, de sus siglas en inglés Project Based Learning) es apostar a caballo ganador. La razón no es otra que, desde el trabajo desarrollado por docentes y alumnos, se es justo con el proceso formativo y reflexivo, así como con las aptitudes y actitudes de la diversidad que tiene nuestro alumnado.
Desde el punto de vista docente, la premeditación de la concatenación de proyectos a diferente escala justifica de forma fehaciente la preparación y consideración de un aprendizaje en el que la perspectiva del trabajo por competencias se desarrolla de forma premeditada y minuciosa. Si el objetivo final de la etapa educativa obligatoria es proporcionar a la sociedad ciudadanos que puedan ser competentes y aptos para un desarrollo social óptimo, es nuestra obligación llevar a cabo una formación que les permita aprender a trabajar siendo conscientes tanto del proceso como de los pasos que se llevan a cabo, valores estos que son el sustento del sistema social y laboral del que formarán parte. Asimismo, desde la perspectiva del alumnado, se crean hábitos que proporcionan criterios cualitativos al proceso de formación, tales como la reflexión y el análisis de contenidos en todas las etapas del proceso, el trabajo entre iguales, el aprendizaje de la evaluación y su significado…
LO QUE PIENSA EL ALUMNADO. En este sentido, la apuesta del ABP enfatiza los valores que proporcionan los elementos esenciales para la consolidación de cada uno de nuestros alumnos. Estos valoran muy positivamente esta metodología, siendo conscientes de que trabajan más (tanto cuantitativa como cualitativamente), pero no por ello quieren seguir repitiendo experiencias que les obligan a ‘vomitar información’ que saben que acaba por perderse. El proceso de gestión y asimilación de la información es lo que contribuye a su consolidación y deseo de mejora constante, no sólo por nuestra parte, sino por lo que constituye la mayor de las motivaciones: la voluntad de trabajar más y mejor por parte de nuestro alumnado.
Nuestros alumnos son los que piden a gritos que, junto a ellos, desarrollemos las ‘5C’ del ABP-PBL: ‘Creando Contenidos’ de forma ‘Compartida’ con sus ‘Contactos-Compañeros’ para adquirir un ‘Conocimiento’ que les lleve a la consecución del Aprendizaje. Y, como en todo proceso cualitativo, hemos de tener en cuenta una evaluación proporcional al trabajo realizado. Desplegar y enseñar lo que supone un análisis DAFO del proceso y contenido a nuestro alumnado otorga la seriedad y rigor de lo que exige un ABP. De esta forma, no sólo aprenderán a buscar, procesar, crear y evaluar información, sino que también son partícipes del valor que se le otorga a cada uno de los pasos que configura un proceso de aprendizaje del que sabemos cómo empieza, pero no cuándo acaba, porque el aprendizaje en sí, es una actividad que se realiza activamente a lo largo de nuestra vida.
¿Y qué lugar ocupa en el proceso la Tecnología Educativa? Hablar al margen sería desubicar las cualidades de nuestro alumnado, quien vive, convive y gestiona su vida desde el uso natural de la tecnología. Nuestra misión no es delimitar su uso, sino orientar y guiar en las buenas prácticas de uso de nuestro alumnado desde la finalidad educativa y constitutiva de su personalidad.
Esta tribuna se ha publicado en Educación 3.0, nº 17, invierno 2015. En este enlace podéis echar un vistazo a la versión digital reducida (tiene 22 páginas frente a las 84 de la versión en papel).

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